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Hospedarse en cualquier lugar del norte de Argentina es barato (por $20 dormís en algún hostel, no hace falta decir si bueno o malo, simplemente dormís), solo hay que cargar la mochila y caminar un poco en cada pueblo, preguntar y buscar: es parte de esta forma de viajar.
De todas maneras, nada más barato que Bolivia: ni bien se cruza la frontera se pasa automáticamente a vivir por unos 30 pesos argentinos por día de base aproximadamente si tenemos en cuenta que en Potosí, La Paz o Copacabana, o la mayoría de las ciudades, un hospedaje común va desde 20 a 45 Bs ($10 - $25) y un menú completo (del más barato) en el Mercado o cualquier lugar de comida cuesta entre 7 y 10 Bs (4 - 5 pesos argentinos).
En Perú la comida está prácticamente a igual precio (un menú económico pero completo en Cusco va desde los 5 hasta los 10 soles y en Aguas Calientes y el resto del país los precios más accesibles rondan también ese monto). El sol peruano está prácticamente 1 a 1 con el peso argentino, con una leve desventaja para nuestra moneda.
Lo recomendable, hablando de la moneda, es llevar la mayor parte depositada en alguna tarjeta de red internacional. En cualquier ciudad de Bolilvia o Perú se puede extraer de cajeros que están casi siempre en el centro de las ciudades. Hay que llevar algunos dólares o sacarlos allá. No hace falta decir dónde hay que llevar guardado/escondido lo que se tenga de plata grande, las tarjetas o los documentos. La suciedad de algunos días sin bañarse pueden impregnar de olor los billetes con el riesgo de que la gente que los reciba sea víctima de ello, pero en fin, ¿qué va a ser? Todo sea por viajar.
La entrada a Machu Picchu se saca en Aguas Calientes (hay que sacarla al llegar al pueblo), al frente de la plaza de armas (en donde está la estatua del indio Pachakutek). Cuesta 64 soles con la ISIC Card o cualquier libreta de estudiante actualizada; sino, 124 soles. Jamás pensé que iba a amar tanto mi libreta como la amé en ese momento en que le di la mayor utilidad de toda mi etapa de facultad. La había usado durante tres años para rendir varias desagradables materias y ahora la usaba para entrar a Machu Picchu a mitad de precio (algo que en realidad, no tiene precio), ¿quién lo iba a decir? Como te quiero, Colegio Universitario de Periodismo. Y bueno, somos humanos e imperfectos.
Por último, vuelvo a decir que la mejor forma de viajar es esa: simplemente viajar, al modo de cada uno, con el espíritu de cada uno, donde quiera cada uno. Lo importante es realmente querer hacerlo, amar el viajar, tener ganas de llegar a algún lado más que de comer, llenar los pulmones de aire donde no lo hay por la altura, y viajar por viajar; y que, como dije antes, cuando hay ganas en serio, las ganas se transforman en posibilidades.







