lunes, 27 de julio de 2009

03/02 – Volver a casa



El viaje Potosí - Villazón fue realmente ácido, no apto para cardíacos y/o claustrofóbicos. Viajamos alrededor de doce horas por camino de tierra, en un colectivo todo cerrado, sin aire y todos apretados.

Llegamos a Villazón a las 7 am justo con el amanecer, respiramos un poco de aire y nos fuimos a caminar un rato por ahí y comprar algunas cosas que estaban muy baratas y buenas. Luego, un desayuno fugaz y a la frontera a volver a casa.

La fila fue lenta pero finalmente pasamos y ya estábamos de nuevo bajo cielo argentino. Felicidad total. La Quiaca es la ciudad fronteriza más chata y fea que conozco.

Ni bien llegamos a la terminal caminando, salía un bondi a Humahuaca así que en 5 minutos ya estábamos arriba. Si este viaje se caracterizó por algo, ese algo fue la velocidad y la improvisación, además de lo increíble de los lugares.

Tipo 4 de la tarde llegamos al corazón de la Quebrada, el pueblito de Humahuaca, que le da nombre a la misma quebrada en que está enclavada.
Humahuaca está tranquila y linda como siempre. El ambiente es de una paz tremenda. Está llena de jóvenes con su mochila, ideas e historias increíbles. Acá estamos, en este oasis de Argentina.

Dimos varias vueltas para conseguir un techo y nos metimos en uno justo con la caída de la noche: una piecita en una casa de familia a $15, a 20 metros de la plaza.

A la noche salimos a ver el ambiente del pueblo y a tomar unas cervezas. Como estábamos muy cansados por el viaje, nos acostamos tipo 11 sin ni siquiera comer nada. Pero no importa, se siente fantástico estar otra vez en casa.

domingo, 19 de julio de 2009

02/02 – Otra vez lo impresionante


Me desperté a las 7 y media solo y me empecé a preparar. Desayuné con los franceses y dos porteñas y a las 9 menos diez partí solo para la excursión. Sabía que me esperaba algo impactante, los hechos lo iban a confirmar con creces en la realidad. Los muchachos se quedaron durmiendo un poco más.


Fuimos para las famosas minas de Potosí en el Cerro Rico con dos chilenas, una porteña y una inglesa. El guía, un gordito boliviano muy groso. Todo fue muy impresionante.


Subimos a la entrada a las minas a 4300 metros y empezamos a entrar a esas oscuridades con la ropa, luz y casco correspondiente.


La dureza del lugar es lo impresionante. Apenas entrás se te revuelve el estómago al pensar que hay gente que trabaja ahí, sin comida y agua, sin aire y luz del sol durante 10 horas por día o más, todos los días, por un salario que no llega a lo digno y por extraer unos minerales que les pertenecen pero que ahí nomás se van para afuera.


Yo pensaba que éramos seres humanos, pero últimamente, y más después de lo que se ve al viajar y conocer lugares como estos, percibo a la humanidad de unos y otros desdibujada hasta su inexistencia, por la ignorancia impuesta y acumulada o por el signo “peso”.


Después de caminar bastante por las cuevas encontramos a tres mineros. Hablamos con ellos y les dimos hojas de coca y gaseosa. Eran muy jóvenes y pendejos para trabajar ahí, tan expuestos, resignados a hacerse bosta por unos pocos bolivianos al mes.


La experiencia de la mina fue impresionante y después de salir seguía incrédulo. Cuanta explotación inhumana e injusticias impunes.


Al volver me encontré con los chicos y comimos en el hostel (aunque ya no era horario para usarlo). Después, a hacer tiempo en la plaza y recorrer un poco más esta gran ciudad, hasta las 19:30 que buscamos los bolsos, caminamos a la terminal y partimos directo a Villazón por el tedioso camino de tierra.


Pero nada importa, seguimos viajando y ya estamos de vuelta en nuestra patria grande.

martes, 14 de julio de 2009

01/02 – Febrero potosino


Pasamos al segundo mes del año, día 13 de viaje, para variar arriba de un colectivo. Ahora yendo a conocer Potosí; según dicen, la ciudad más alta del mundo (4.200 metros) , la ciudad desde donde se puso todo el oro de un lado de la balanza de la desigualdad del mundo, para que nunca más se volviese a equilibrar. Me explayaré más sobre eso después de haber ido a conocer las minas.

Llegamos a esta ciudad histórica a las 6 am. Caminamos bastante en subida con las mochilas (no olvidemos los 4200 metros de altura), para el centro buscando un alojamiento. Después de esperar un poco y dar unas vueltas, terminamos en el hostal La Casona por 35 bolivianos. Lugar muy bueno lleno de extranjeros muy piolas.
Salimos a conocer y comer al mediodía: la gente boliviana acá es un poco más simpática y amable con nosotros. Pero eso nomás, un poco.

A la tarde en el hostel charlando y tomando mate con la gente de ahí, sobre todo unos franceses y francesas muy graciosos.

Tipo 5 caminamos de nuevo a la terminal a sacar pasaje para Villazón a las 20 hs. del día siguiente. Ya estamos a un paso de volver a Argentina, nuestra patria grande. Se siente bien, pero estamos en Potosí y queda mucho por conocer de esta gran ciudad histórica.

La lluvia nos obligó a tomar un taxi para volver al hostel y nos quedamos ahí boludeando. Después yo fui a sacar entrada para la excursión a las minas de oro a las 9 del día siguiente. Voy a ir solo pero ni en pedo quería dejar de conocer eso que fue tan decisivo e importante para la historia del mundo como la propia conquista.

A la noche, partido de Boquita, para variar les ganamos de nuevo a las gallinas. Después, comida rápida y ahí nomás a dormir. Estábamos muertos pero, como siempre, disfrutando cada momento de esto que se impone como el mejor viaje de nuestra corta y... puta vida.

lunes, 6 de julio de 2009

31/01 – La Paz, otra vez sin paz

Una vez más, nos levantamos con un sueñaso y nos fuimos a tomar el colectivito para La Paz a las 8 de la mañana. Queríamos quedarnos un día más en Copacabana pero nos enteramos de la joda que había después de sacar los pasajes. El camino alrededor del gran Titicaca fue espectacular y hasta cruzamos una parte en ferry.


Llegamos muy cansados y el quilombo y lo impresionante de La Paz ya no nos sorprendió tanto. Con la altura ya no nos pasa absolutamente nada. Un leve ahogo nomás, pero no pasó nunca a mayores.


Como estaba muy despejado, al ir bajando desde El Alto y ver la terrible vista de la ciudad, pudimos ver al fondo, arriba, todo el nevado Illimani, de más de 6000 metros. Muy imponente.


Fuimos en taxi hasta la terminal central por 13 bolivianos, con otras dos porteñas que habíamos conocido en el colectivo, y sacamos pasaje a Potosí para esa misma tarde a las 8:30. Va a estar muy bueno conocer esta ciudad, de una tremenda historia que afectó a toda la historia misma de América y el mundo.


Esas chicas porteñas, que ni me acuerdo cómo se llamaban, se fueron creo que para Santa Cruz de la Sierra. Esa gente compañera de viaje que está en la misma que vos y te cruzás con ellos en determinado trecho del viaje y de tu vida, y muy probablemente nunca en tu vida los vuelvas a ver. Vale recordarlos, y eso estoy tratando de hacer ahora.


Comimos en un barcito muy bueno y barato cerca de la terminal y a la tarde nos echamos en la plaza central a hacer tiempo. Después, una última recorrida a esta ciudad que no dejó de sorprenderme.


Por último, compras de algunas boludeces y a Potosí. Salimos y abandonamos la ciudad de noche, viéndola totalmente iluminada e infinita desde El Alto.


Allá vamos, ya en plena vuelta pero sin saciar nunca las ganas de conocer más de nuestra mayúscula América.

domingo, 28 de junio de 2009

30/01 – Titicaca, diferente



Ya pasamos por llanuras, quebradas, desierto, puna, montaña, selva y nos faltaba el agua. Viajamos toda la noche y dormí muy poco. Pasamos a Bolivia con el amanecer y llegamos a Copacabana a la mañana, ciudad turística fronteriza y de mucha joda sobre el gran lago Titicaca. Además, desde acá salen las excursiones a la Isla del Sol por solo 15 Bs.

Así fue y a las 13:30 partimos hacia allí en una lanchita y disfrutando de esos lugares impresionante. El inmenso lago y el más alto del mundo (3800 m. s.n.m.), rodeado de picos nevados. Ahí estábamos, navegando como si estuviéramos en el San Roque.

Estuvimos en la Isla un rato nomás y después fuimos a un templo ahí, una especie de ruinas. Volvimos, se hizo la tarde y pintó la joda en el hostel y en el pueblo. Vimos la puesta del sol sobre el lago, comimos algo tipo 9 pm y después, a tomar un vino a la costa.

Copacabana tiene un ambiente espectacular en esta época; muchos argentinos y gente de toda Sudamérica de la que te hacés amigo al momento, contás historias y te cagás de risa.

Fuimos al bar del “vidrio roto” con dos chicas porteñas que estaban en el hostel y el ambiente era espectacular ahí: música en vivo, bebidas, gente de todos lados y demás. Cerró temprano y nos fuimos a tomar otro vino a la terraza del hostel con una de las chicas y dos brasileros viajantes. Excelente.

Nos fuimos a dormir tarde, a las 4, y a las 7 nos tenemos que despertar para ir de nuevo a La Paz. Cansadasos, queremos salir para Potosí mañana también para conocerla y ya ir volviendo a Argentina. Este viaje está siendo abuso, tal como lo soñamos y no se puede pedir más

martes, 23 de junio de 2009

29/01 – Un susto y despedida a lo grande

Situación: Hostel de Cusco por 10 soles la noche (unos 12 pesos), durmiendo ahí, tres de la mañana... Terrible, pero terrible, cagaso con un tipo que empezó a golpear la puerta y la empujaba queriendo entrar; le preguntamos qué quería y dijo que “dormir", ni en pedo lo dejábamos entrar así que le gritamos que no teníamos lugar... y se fue.


Pensamos que ahí nos choreaban todo y me quedé viendo la puerta un rato largo después de que no se lo sintió más. Nunca supimos quién era, si era del hostel o si era uno o eran más, pero fue un susto grande como Cusco. Es que siendo unos pendejos, estando en otro país y lejos, todo es diferente y pensás en tu familia que te espera, más allá de la tolerancia, respeto y profunda identificación, empatía y admiración que sentimos por esta gente.


A la mañana nos despertaron unas bombas y salimos del hostel lo más rápido que pudimos. Fuimos a sacar pasajes para Copacabana pensando hacer la Isla del Sol al día siguiente, ya en tierra boliviana otra vez.


Almorzamos en un lugar cerca del centro muy bueno y barato, y a la tarde la usamos para dar una última recorrida por esta ciudad que vamos a extrañar.


Compramos algunas boludeces de regalo y propias y fuimos a tomar una Pilsen peruana, que terminaron siendo dos, cena de por medio en el mismo lugar, con una “conferencia” mundial improvisada acerca de todo. Eran dos porteñas, dos chubutenses, un iraní, un peruano con su hijo y nosotros, todos viajantes, teniendo una conversación excelente con historias que nos sacudieron la estantería.


Fue la mejor despedida que pudiésemos haber tenido de este fantástico país. A lo grande, inolvidable, lo que esperábamos y veníamos a buscar. Esa fue nuestra última noche en el Perú.


A las 10 pm nos fuimos en taxi a la Terminal terrestre y tomamos el colectivo a Copacabana, de vuelta a Bolivia, despacito de vuelta a casa.

jueves, 18 de junio de 2009

28/01 – Empezar a volver. Cusco, otra vez.


Muy muertos, nos habíamos dormido temprano después de bajar caminando de las ruinas, con las piernas en la mano. Nos acostamos queriendo levantarnos a las 3 y media para ir caminando por las
vías a Santa Teresa, dar toda la vuelta en taxi hasta Santa María y en colectivo volver a Cusco. Lindos enfermos.a. Teto tomó coraje y sacó un par.


La caminata de 3 horas por la selva fue un aventurón de la cual no hay fotos por lo mal que estábamos. Estábamos destrozados, en un momento ya no podía mover las piernas y ni hablábamos. Nunca estuve tan cansado, pero me gustaba hacerlo.

Tomamos un taxi a Santa Teresa desde la Central Hidroeléctrica (hasta donde llegamos caminando), otro a Santa María y ahí nomás bus de seis horas de vuelta a la Ciudad Imperial. El camino: tremendo, llegando hasta los 4500 metros en un parte, muy vertiginoso y espectacular. Tampoco pude sacar fotos de este camino por las ganas de nada que tenía... la fiebre iba sentada en el asiento de al lado y yo conversaba con ella.

Llegamos otra vez a Cusco. Se siente bien estar de nuevo en esta ciudad. Ya un poco mejor, comimos muy barato como a las 4 de la tarde y fuimos a un hostel de 10 soles para esa noche. Obviamente, no era lujoso pero era justo como para nosotros.

Ahí nomás, a la Plaza de Armas. Nos reencontramos con las chicas (se habían vuelto antes en tren) y tomamos unos mates y unos tragos excelentes en un barcito (Pepe Zeta), antes de despedirnos de ellas porque tenían colectivo a La Paz a las 10:30 de la noche.

Espero verlas de nuevo a Lau y Vero porque fueron geniales y fue un placer haber pasado estos días con ellas desde que las encontramos en La Quiaca.
Además, fueron muy importantes y empujaron para que todos podamos alcanzar el objetivo. A ellas, muchas gracias y nos veremos otra vez. ¿Miguelito? Ya desapareció y no dio más señales.

Cansados hasta lo imposible, nos metimos al sobre tipo 11, tranquilos porque al otro día no tenemos porqué levantarnos temprano. Que alivio. Otra noche cusqueña o qosqoruna, como le dicen ellos. Salud.

sábado, 13 de junio de 2009

27/01 – Nada que decir



No tengo nada que decir acerca de lo que significa, por lo menos para mí, haber estado en Machu Picchu este día, haber visto eso con mis ojos, estando ahí en vivo y en directo y haberlo compartido con amigos.

Perdón, si tengo algo que decir: que al estar ahí y ver eso solo hay que hacer silencio y admirar esta maravilla del mundo construida en un lugar extremo e indescriptible por una civilización mítica, de las más grandes que tuvo la historia, que después fue arrasada por invasores.

Es de América Latina, es el orgullo del Perú, un país que da gusto por su naturaleza y su gente, en el cual nunca nos sentimos lejos de casa; al contrario, nos sentimos muy cerca de la Tierra.

Más allá de los dolores en las piernas y el enorme agotamiento físico, la felicidad es total porque hemos cumplido un sueño. Todos los que estábamos ahí, los amigos de antes y los de la ruta, nos necesitábamos mutuamente para esto y no hubiese sido posible sin ellos. Hoy me siento afortunado, agradecido y feliz por ellos.

No hay mucho más que decir, o quizás lo que tengo para decir acerca de esto es inexpresable. Me sabrán entender quienes hayan tenido el privilegio de estar en un lugar así. Simplemente es de menester quedarse callado. Si, callado. No hables al subir al Wayna, excepto para saludar a los que bajan; quedate callado al llegar a la cima y ver el mundo entero desde ahí; no digas nada cuando llegues a la Puerta del Sol si es que hiciste el Camino del Inca; o cuando subas una y otra vez, aunque las piernas te lloren, a la Casa del Guardián, para verlo todo. No va a haber nada que lo supere.
No digas nada, porque no hay nada que decir. Quedate callado; pero sentí esa revolución que se te hace por dentro, sentí cómo la vida te pasa por el frente, por el costado, por arriba y por abajo... ¿vivir por nada o morir por algo? Sentí la energía y aguantate las lágrimas... que vamos a volver.

martes, 9 de junio de 2009

26/01 – Destino final: Machu Picchu


Subimos al tren a las 5.30 de la mañana, arrancó y la espesa selva peruana ya no nos sorprendió. Espectacular. En el viaje, que duró una hora y media, fuimos charlando entre nosotros y con gente de otros países que iban también, obviamente, a Machu Picchu.


Al llegar a Aguas Calientes, viendo que llovía como es habitual, decidimos subir al día siguiente a la ciudadela, menos Miguelito (el compañero porteño) que subió ese día ni bien llegamos. Igual sacamos las entradas a las ruinas y nos hospedamos con las dos chicas en un buen hostel lleno de viajeros, por 15 soles.


La humedad acá es altísima, estamos en el medio de la selva y eso se siente mucho, como cuando esa misma tarde subimos al Putucusi, un cerro al costado del Wayna Picchu desde donde se ve parte de Machu Picchu (desde un costado). Las chicas nos avisaron de eso pero se nos hacía de noche (a las 6 pm ya no hay más luz) así que subimos apuradasos y terminamos fusilados; eso que al día siguiente teníamos que subir a las 4 de la mañana a las mismísimas ruinas.


Ver al Machu Picchu por lo menos desde un costado y lejos pero no por una foto, ya nos resultó estremecedor y nos mirábamos riéndonos sin poder decirnos nada, más allá de no poder respirar y estar todos mojados y transpirados por la subida.


Eso era un adelanto de lo que iban a sufrir las piernas en estos días, pero también un anticipo de lo espectacular e inexplicable que es esta maravilla del mundo y toda esta parte del Perú. Pareciera como si una mano extraña y la de los incas hubiesen preparado todo esto, con cada detalle, para que el mundo lo disfrute ilimitadamente en la posteridad.


Bajamos de nuevo al pueblo y a la noche comimos con las chicas y nos fuimos a dormir. Mañana tenemos un sueño que cumplir.

domingo, 7 de junio de 2009

25/01 – Recta final



Al levantarnos temprano, nos sorprendimos para bien con una vista espectacular de Cusco (todavía no la habíamos visto de día) mientras desayunábamos en el tercer piso del hostel. Ahí nomás a recorrer la ciudad y conocer más de cerca al ombligo de América, con mucha emoción también.

Cusco es impresionante, y saber la enorme historia que guarda causa orgullo y admiración. La Plaza de Armas es el lugar más céntrico y donde se ve una diversidad de gente de todo el mundo.

Almorzamos después de pasear y fuimos a buscar los bolsos para irnos a Ollantaytambo en un minibus, a esperar ahí el tren para Machu Picchu, que pasaba a las 5:30 del otro día. Así fue y a las 7 de la tarde ya estábamos en Ollanta después de otro camino de paisajes y lugares alucinantes, ante los cuales uno solo debe hacer silencio.

En un hostel por 15 soles dormimos lo que pudimos, previa juntada a cenar, charlar y guitarreada en una de las habitaciones, los seis juntos.
Solo queda un poco, un paso para que nuestros ojos vean, incrédulos y superados, las ruinas de Machu Picchu.

A las 5:30 de la mañana tomamos el tren a Aguas Calientes (Machu Picchu pueblo).



lunes, 1 de junio de 2009

24/01 – Rumbo a la Ciudad Imperial. Rumbo al Perú


Nos levantamos ya cansados, desayunamos tranqui tipo 7 y pedimos taxi para ir a la terminal. Salimos de La Paz a las 8:30. El viaje fue tranquilo y ver el Lago Titicaca, gigantesco, alrededor nuestro fue impresionante. El lago más alto del mundo a nuestra vista.


¡Entramos al Perú! Muy extraño y satisfactorio estar en un país al cual yo veía tan lejos. Viajamos toda la tarde metiéndonos en el país. Los paisajes y lugares, de película y uno mejor que otro a medida 
que avanzábamos. La inmensa Cordillera siempre tiene algo más que ofrecernos.


Finalmente llegamos a Cusco a las 8 de la noche. Apurados porque se nos venían las horas encima, fuimos a un hostel por 22 soles y después a caminar un poco por la ciudad hasta la Plaza de Armas, con mucha emoción interna contenida, de no caer que estamos acá, directamente.


Decidimos ir a Machu Picchu pasado mañana con alguna oferta barata. Cenamos en el hostel con una vista impresionante de la Ciudad Imperial y nos fuimos a dormir tipo 1, esperando recorrer Cusco mañana y a Machu, pasado. A acercarnos cada vez más al corazón de nuestra América. Cada vez falta menos.

miércoles, 20 de mayo de 2009

23/01 - En la Cordillera. La Paz


Apenas pude dormir un poco, tengo hambre y cansancio, pero estamos en plena cordillera boliviana acercándonos a La Paz, la capital más alta del mundo, ahora por pavimento y más rápido (ya hicimos diez horas por camino de tierra). La inmensidad de estas montañas y lo chico de los pueblos por los que pasamos, nos confunden.

Cuando ya no dábamos más del viaje, nos dábamos cuenta que todavía faltaba. Terrible descompostura de una de las amigas porteñas con todo incluido, y ambiente ácido y ya insoportable. El remedio: paciencia. Estamos viajando, que es lo único que queremos.

Después de 19 horas llegamos a La Paz, inmensa, impresionante. También impresionante es el clima y las costumbres que tiene la gente y cómo la ciudad está toda acostada sobre un valle y se extiende por sobre las montañas que la rodean, una casa arriba de la otra.

Me falta mucho el aire acá, pero por suerte la compañera porteña (Vero) se recuperó un poco. Estamos a 3600 metros de altura, en una ciudad llena de gente, autos y smog; por lo tanto, para ahogarse solo hay que hacer un mínimo esfuerzo físico.

Comimos los seis (más otro compañero porteño que se nos sumó) en la misma terminal; llamada al viejo y llegamos caminando (e intentando respirar) a un hostel internacional muy bueno, previo haber sacado los boletos a Cusco para mañana. Ya estamos allá.

Caminata agitada por las calles de La Paz con los bolsos, muy duro y totalmente ahogados.
Dejamos las cosas en el hostel, nos instalamos y salimos a caminar con los muchachos para el centro y al estadio Hernando Siles, mítico. Tuvimos una suerte increíble y nos dejaron pasar hasta el césped. Terrible lo nuestro.

Más tarde, caminata todos juntos a los lugares históricos de la ciudad, cena tranqui en el hostel, pequeña guitarreada y a dormir. A las 6 hay que prepararse para salir nada menos que a Cusco, el corazón de América. A un paso de nuestro objetivo soñado.

Llegada a La Paz (me hace acordar a Unquillo)

viernes, 20 de febrero de 2009

22/01 - La Quiaca - Villazón y otra noche en colectivo

Por confundirnos con la hora otra vez, tuvimos suerte y tomamos un colectivo anterior.
Entrando a la Puna todo cambia, todo: la montaña, los colores, la gente, el aire se hace cada vez menos.


Como a las 13 hs. nos caímos del país y entramos a Bolivia. El paso fronterizo: muy coplicado, más para mí que todavía soy menor (solo 20 años). Los chicos ya tienen 21 así que pasaron mucho más rápido.


Villazón, ciudad frontera, ya refleja todo lo que es Bolivia en su parte indígena: un país extremadamente pobre pero rico; oprimido pero digno; áspero y rudo pero alegre a su modo.


Ya no vamos a bajar de los 3500 metros de altura y espero que se acostumbre el cuerpo.
Ahí en Villazón comimos un pollo con papas y arroz, con unas amigas de Buenos Aires que conocimos.


A las 18:30 hs salimos directo a La Paz en un colectivo típico boliviano, por tierra, a tripa y corazón, 16 horas (que iban a ser más).


Otra noche en colectivo haciendo un surco en Bolivia, pero nos acercamos al objetivo a pasos agigantados.

21/01 - Amanece en la ruta. Tilcara.


Ya estamos hace rato sobre nuestra amiga la ruta. Hoy esperamos llegar a Tilcara, recorrerla y después las ganas dirán hacia dónde y cuándo encaramos, sin perder de vista nuestro máximo objetivo: Machu Picchu.


San Salvador: la terminal es horrible. Después de varias idas y vueltas sacamos pasajes a Tilcara para las 3 de la tarde y comimos unas pizzas por $4 cada una: ya estamos en el norte.


El viaje se empieza a poblar de anécdotas imposibles de recordar todas. Seguramente después no nos acordamos un carajo y contamos 1/4 de las cosas.


En viaje a Tilcara, el colectivo empezó a subir y ya no bajaremos por varios días. La Quebrada, enorme, está entre nosotros y sus sombras, nubes y colores nos tapan.

Tilcara, la linda de la Quebrada, joven y multicultural. Estamos a 2500 metros y a respirar más despacio.

Mañana salimos a las 11 directo a La Quiaca para acercarnos lo más rápido posible al objetivo. Dormimos en un hostel después de unas cervezas, un par de caminatas y un brindis por todo esto, por los amigos, por la familia, por más, por lo que viene y se va.

20/01 - Despedida y partida. Kilómetro 0

Con la mochila al hombro (prestada) saludé a mi familia entera a las 7 de la tarde, y con el compañero Nachito Fúser II caminamos hasta la Terminal de Unquillo para encontrarnos con el compañero Chayanne y tomar el colectivo a Córdoba.


Espera de 45 minutos allá, llamados, mensajes de despedida y partimos rumbo a San Salvador de Jujuy, la Tacita de Plata.


Con toda la ansiedad y la seguridad de que va a ser un viaje que nos va a abrir y quemar la cabeza, nos tiramos a la ruta en el VIA TAC manteniendo una única dirección: el norte.



"Me alegra dejar atrás lo que llaman la civilización, y estar un poco más cerca de la Tierra"

Un año atrás

Ese tiempo hacía que veníamos pensando en este viaje. Ahorrando cada moneda. En principio nos íbamos algún dia de enero de 2009 con el compañero Nachito, pero en diciembre se sumó el compañero Teto Chayanne Martinelli. Eramos tres decididos, mejor. Un demente más.


En realidad el norte argentino y más que nada, un poco mas allá, Machu Picchu daba vueltas en nuestra cabeza todos los días desde hacía 2 o 3 años. Yo confieso que dudaba de llegar por el tema monetario y de tiempo. Lo veía lejos, esquivo, inaccesible. Vaya ingenuidad.


El año pasó y el convencimiento, por alguna extraña razón, se hacía cada vez más fuerte. No veíamos la hora de irnos.


En ese mismo diciembre fui a sacar los pasajes directo a Jujuy para los tres. Ya estábamos allá. El primer paso del camino de mil millas, estaba dado. La fecha de partida: el 20 de enero.


Así pasaron los días de enero y al volver de vacaciones con mi familia, tenía 3 días para juntarnos con los muchachos y preparar todo. Así fue.


Llegó el día, el principio del sueño. Un viaje hacia los confines más remotos del espíritu, para empezar a usar las frases de nuestra película, que nos motivaba cada más a viajar después de cada vez de verla: Diarios de Motocicleta. Bienvenidos a la historia de nuestro viaje, de nuestro divagar por Latinoamérica.